• Sujeto A: ¿sabes? No se puede mezclar magia con anestesia.
  • Sujeto B: ¿Magia con anestesia? No sé a qué te refieres con eso.
  • Sujeto A: Pues es bien sencillo. La magia es un nuevo cosquilleo en el estómago, una nueva ilusión. Un algo que no sabes qué es, pero que es genial. Y la anestesia es lo anterior, el equipaje que llevas arrastrando desde hace tiempo... Un amor frustrado, unas ilusiones rotas, un pesar...
  • Sujeto B: Vale, sí. ¿pero qué tiene que ver una cosa con la otra?
  • Sujeto A: Bien sencillo. No puedes mezclar lo nuevo con lo viejo. No puedes si únicamente lo haces para restar el dolor de esa anestesia. No puedes intentar amar para intentar olvidar. No se puede engañar a nadie y mucho menos te puedes engañar a ti mismo. ¿no?.
  • Sujeto B: Claro, pero bueno. Si tampoco intentas nada nuevo nunca vas a conseguir continuar y olvidar todo lo anterior...
  • Sujeto A: Hay cosas que se consiguen solas. Hay veces en las que lo racional puede más que lo emocional. Es más duro y más complicado... pero si se consigue es entonces cuando sí, cuando realmente vas a poder entregarte del todo a quién sea. Y te vas a sorprender de la magnitud de tal emoción porque no habrá nada más que aminore ese deseo de continuar, de entregarse, de disfrutar. Luego todo eso se convertirá en miedo, miedos de esos de los de siempre. tatachán!!!
  • Sujeto B: Bueno, ¿Y tú estás preparada? ¿Tú tienes miedo?
  • Sujeto A: ¿Preparada? ... ¿miedo? Yo estoy acojonada.